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El poder de los vecinos: cómo la organización de base está rehaciendo las ciudades latinoamericanas

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El poder de los vecinos: cómo la organización de base está rehaciendo las ciudades latinoamericanas

Durante décadas, la narrativa dominante sobre los barrios populares latinoamericanos los ha presentado como espacios de carencia, como territorios definidos por lo que les falta. Sin embargo, en cada rincón de la región existe una historia diferente: la de comunidades que, hartas de esperar respuestas desde arriba, han decidido construir poder desde abajo. En Red Igualdad hemos documentado cinco estrategias que están generando transformaciones reales y sostenibles en el tiempo.

1. Las asambleas territoriales: democracia practicada en la esquina

En la colonia Tepito, en Ciudad de México, las asambleas vecinales semanales llevan más de quince años funcionando como el corazón político del barrio. No se trata de reuniones informales: tienen actas, relatorías y mecanismos de rendición de cuentas. Esta estructura organizativa permitió que en 2019 los vecinos negociaran directamente con el gobierno capitalino la regularización de más de doscientas viviendas en riesgo de demolición.

El modelo se ha replicado en la periferia de Bogotá, donde las Juntas de Acción Comunal —figuras legales con décadas de historia en Colombia— han experimentado una profunda renovación gracias a la incorporación de jóvenes y mujeres en sus directivas. La clave, según la líder comunitaria Yolanda Mosquera del barrio El Codito, es sencilla: "Cuando la gente entiende que tiene voz y que esa voz cuenta, aparece en la reunión."

2. Cartografía comunitaria: nombrar el territorio para defenderlo

Una de las herramientas más poderosas —y menos conocidas— que están utilizando las organizaciones de base es la cartografía participativa. Comunidades indígenas en el Perú amazónico y barrios informales en las laderas de Medellín han comenzado a producir sus propios mapas: documentan dónde están los puntos de contaminación, qué calles carecen de alumbrado, cuáles son los predios con riesgo de inundación.

Esta información, recopilada colectivamente, se convierte en evidencia técnica que los vecinos llevan ante las autoridades municipales. En el asentamiento Villa María del Triunfo, en Lima, un proceso de cartografía comunitaria impulsado por la organización Territorio Vivo permitió identificar que el 40% de las viviendas carecía de conexión formal a la red de agua. Con ese dato en mano, negociaron con la empresa prestadora del servicio un plan de expansión que benefició a más de tres mil personas.

3. Las redes de cuidado mutuo como infraestructura política

La pandemia de COVID-19 dejó al descubierto algo que las organizaciones comunitarias ya sabían: el Estado llega tarde, llega poco o directamente no llega. Frente a esa realidad, cientos de colectivos en Argentina, Chile y Uruguay construyeron redes de asistencia mutua que distribuyeron alimentos, medicamentos y información sanitaria en tiempo récord.

Pero lo relevante no es solo la respuesta de emergencia: es que esas redes sobrevivieron a la crisis y se convirtieron en la columna vertebral de nuevas formas de organización política. En el barrio La Cava, en San Isidro, provincia de Buenos Aires, la red de ollas populares que nació en 2020 derivó en una asamblea permanente que hoy negocia con el municipio mejoras en el transporte público y el acceso a centros de salud. El cuidado, históricamente devaluado porque lo ejercen las mujeres, resultó ser la semilla de un poder político extraordinario.

4. La comunicación propia: radios, redes y narrativas que no dependen del poder

Controlar el relato es controlar el poder. Las comunidades organizadas lo han entendido y han invertido en sus propios medios de comunicación. Radios comunitarias en Bolivia, canales de YouTube en barrios populares de São Paulo, grupos de WhatsApp coordinados con criterio editorial en Santiago de Chile: la comunicación propia permite que las victorias sean visibles, que los conflictos no sean silenciados y que la identidad territorial se fortalezca.

En la ciudad de El Alto, Bolivia, Radio Pachamama lleva más de veinte años transmitiendo en aymara y español, y ha sido un instrumento fundamental en la movilización vecinal durante conflictos por servicios básicos. Su directora, Lucía Quispe, sostiene que "una comunidad que puede contarse a sí misma tiene mucho más difícil que alguien le cuente una historia falsa sobre ella misma".

5. La incidencia legislativa desde abajo: llevar la calle al parlamento

Organizarse en el barrio es necesario, pero no suficiente si las decisiones que afectan la vida cotidiana se toman en cámaras legislativas distantes. Por eso, las organizaciones más consolidadas han desarrollado capacidades de incidencia política directa: forman a sus militantes en lectura presupuestaria, contratan o forman asesores técnicos propios, y construyen alianzas con legisladores afines.

El caso más emblemático reciente es el de la Coordinadora de Barrios Populares de Rosario, Argentina, que en 2022 logró la aprobación de una ordenanza municipal que obliga al gobierno local a destinar el 15% del presupuesto de obras públicas a los barrios con menor índice de desarrollo humano. Cuatro años de trabajo, miles de horas de reunión y una estrategia de comunicación impecable fueron la base de esa victoria.

La igualdad no se espera, se organiza

Estas cinco estrategias tienen en común algo fundamental: parten del reconocimiento de que la justicia social no es un regalo que conceden los gobiernos, sino un derecho que las comunidades conquistan cuando se organizan con inteligencia, constancia y solidaridad. En América Latina, donde la desigualdad estructural lleva siglos reproduciéndose, el cambio real siempre ha nacido desde los márgenes.

Desde Red Igualdad seguiremos documentando y amplificando estas experiencias, convencidos de que cada barrio que se organiza es un laboratorio de democracia y un argumento vivo contra la resignación.

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